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VOCES, Información & Comunicaciones

Huamanga: tendencias electorales

Todo indica que la población indecisa supera el 45% del padrón electoral, lo que significa que, en buena medida, la última palabra no está dicha a casi un mes de los comicios. Sin embargo, existen distintos indicadores —desde la concurrencia a locales partidarios y la capacidad de movilización hasta el despliegue publicitario en redes y paneles— que evidencian la capacidad operativa de las organizaciones. Además, sondeos informales entre ciudadanos y entendidos permiten avizorar una tendencia que difícilmente sufrirá grandes modificaciones en las próximas semanas.
Este escenario perfila una primera opción favorable para Richard Prado, de Podemos Perú, seguido de un empate técnico entre Carlos Herencia, de Libertad Popular, y el desconocido Yuri Oscorima, de Alianza para el Progreso. Al parecer, la excesiva exposición mediática y la confrontación pública están pasando factura, abriendo espacio e incluso cierta expectativa hacia un candidato sin mayores antecedentes, pero que podría capitalizar el apellido Oscorima, el cual, más allá de las distancias, aún conserva adeptos.
Un tercer bloque lo encabeza Hernán Garagondo, quien ha mostrado solvencia operativa en publicidad exterior y el respaldo de la marca de Ahora Nación —única organización con vigencia electoral y representación congresal en este expectante grupo—, en disputa directa con Rubén Loayza. Este último mantiene vínculos con sectores urbano-marginales y rurales a través de los centros poblados, aunque podría verse afectado por el retiro de la locomotora regional que representaba Román Quispe Congacha.
La decisión de ese casi 50% de electores que aún no define su voto dependerá de la conducta y la imagen que proyecten los postulantes en la recta final, mientras la incursión de operadores mediáticos con acusaciones de demolición podría alterar las tendencias. Por su parte, el silencio de Oscorima tiene un límite: estará obligado a salir de su trinchera si quiere consolidar y capitalizar el capital que hoy ostenta.
Nada está consumado, pero las advertencias son claras. El votante promedio suele apostar a ganador, pero exige alternativas serias y viables. La picardía o la criollada pueden tolerarse hasta cierto punto; sin embargo, cuando rozan el desdén y la burla, terminan pasando una costosa factura.

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