Por: Econ. Juan Escobar Guardia
La economía de Ayacucho registró en 2025 un Valor Agregado Bruto de S/ 6 458 millones a precios constantes de 2007. Sin embargo, representa apenas el 1,1 % de la economía nacional. Más importante aún, el crecimiento económico no se traduce suficientemente en empleo de calidad y mejores ingresos para la población.
La estructura productiva explica parte del problema. La agricultura, ganadería y silvicultura representan el 17,8 % de la economía regional y la minería, el 15,3 %. La administración pública aporta 10,2 %, mientras la manufactura alcanza solo 8,4 % y se contrajo 3,3 % durante 2025. Ayacucho continúa dependiendo en gran medida de actividades primarias y del gasto público, con limitada transformación de sus propios recursos.
Esta situación se refleja en el empleo. En la ciudad de Ayacucho, el 72,3 % de la población ocupada trabajó en condiciones de informalidad en 2025. En las zonas rurales, donde predominan la agricultura familiar, el autoempleo y las pequeñas unidades productivas, el problema es aún mayor.
Frente a esta realidad, Ayacucho necesita algo más que proyectos aislados. Requiere una agenda de desarrollo para los próximos cinco años, concertada entre el Gobierno Nacional, el Gobierno Regional de Ayacucho, las municipalidades, la universidad y el sector privado, concentrada en algunas prioridades capaces de modificar progresivamente la estructura económica regional.
La primera debe ser una transformación agraria y agroindustrial. Si el agro representa cerca de la quinta parte de la economía regional y sostiene los ingresos de numerosas familias rurales, aumentar su productividad tendría un impacto económico y social considerable.
El Gobierno Nacional, principalmente a través del MIDAGRI, conjuntamente con el Gobierno Regional y las municipalidades, debería concentrar esfuerzos en gestión y disponibilidad de agua, riego, asistencia técnica, sanidad, innovación, asociatividad, financiamiento y acceso a mercados. No se trata de dispersar recursos entre numerosas iniciativas pequeñas, sino de identificar cadenas con potencial y desarrollar alrededor de ellas servicios e infraestructura.
Pero aumentar la producción no es suficiente. Ayacucho necesita transformar una proporción creciente de lo que produce. El reto es avanzar hacia una agroindustria regional que genere valor agregado y conecte a los productores con mercados regionales, nacionales y, cuando sea posible, internacionales. Agricultura y agroindustria deben concebirse como partes de una misma estrategia.
La segunda prioridad es convertir la educación superior en motor del desarrollo. La Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga (UNSCH), con alrededor de 15 mil estudiantes, tiene una responsabilidad decisiva. Durante los próximos cinco años debería revisar integralmente su oferta académica, considerando no solamente el mercado laboral actual sino, especialmente, la economía que Ayacucho quiere construir.
Algunas carreras deberán modernizarse, otras rediseñarse o integrarse y podrán surgir especialidades vinculadas con agroindustria, gestión del agua, energías renovables, turismo, servicios tecnológicos e infraestructura. La inteligencia artificial debe incorporarse transversalmente en la formación universitaria, acompañada de una intensa actualización docente. El Gobierno Nacional y el Gobierno Regional pueden apoyar laboratorios, investigación aplicada e innovación. La UNSCH debe convertirse progresivamente en un centro regional de conocimiento y asistencia técnica para empresas, gobiernos locales, organizaciones productivas y comunidades.
Una tercera prioridad es convertir el turismo en una actividad económica permanente. Ayacucho posee un patrimonio histórico, arqueológico, religioso, cultural, artesanal y paisajístico extraordinario, pero todavía depende excesivamente de determinadas temporadas, especialmente Semana Santa.
Una apuesta adicional debería ser posicionar a la ciudad de Ayacucho como un centro nacional de convenciones, congresos y encuentros académicos, empresariales, culturales y gubernamentales, con capacidad para atraer progresivamente eventos internacionales. Esto generaría durante todo el año demanda para hoteles, restaurantes, transporte, artesanía, comercio, producción cultural y servicios profesionales.
Sin embargo, antes hay que preparar la ciudad. La Municipalidad Provincial de Huamanga, conjuntamente con el Gobierno Regional y sectores del Gobierno Nacional, debe impulsar una intervención sostenida en limpieza, seguridad, tránsito, recuperación del centro histórico, ordenamiento del comercio, señalización y calidad de servicios. Simultáneamente, deben consolidarse circuitos que integren Ayacucho con Wari, Quinua, la Pampa de Ayacucho, Vilcashuamán, talleres artesanales, gastronomía, festividades y atractivos naturales de las provincias.
La cuarta prioridad es la conectividad. Corresponde principalmente al Gobierno Nacional mejorar las conexiones viales y aéreas de Ayacucho con el resto del país. El Gobierno Regional y las municipalidades, por su parte, deberían priorizar infraestructura con impacto directo sobre producción, competitividad, turismo y acceso a mercados. La inversión pública no debe evaluarse únicamente por cuánto se ejecuta, sino por los cambios económicos que genera.
Finalmente, esta agenda necesita conducción y continuidad. Cada cambio de autoridades no puede significar empezar nuevamente. El Gobierno Regional debería liderar un acuerdo de cinco años con el Gobierno Nacional, municipalidades, UNSCH, empresarios y organizaciones sociales, estableciendo metas concretas y evaluando públicamente sus avances cada año.
Ayacucho posee recursos agrarios, ganaderos, mineros, turísticos y culturales suficientes para ampliar su economía. Posee también una universidad histórica, recursos públicos e identidad regional. El problema no es la inexistencia de potencialidades, sino su insuficiente articulación.
El desafío para los próximos cinco años no debería ser simplemente crecer más, sino crecer de otra manera: elevar la productividad del agro, desarrollar agroindustria, formar capital humano, incorporar tecnología, atraer inversión y convertir el turismo en una fuente permanente de actividad económica.
Gobierno Nacional, Gobierno Regional y municipalidades tienen responsabilidades distintas, pero el objetivo debe ser común. Ayacucho necesita convertir sus recursos y su crecimiento en productividad, empleo e ingresos. Esa debería ser la agenda: lograr que el crecimiento económico finalmente se transforme en desarrollo y en mejores oportunidades para sus provincias, comunidades y familias.

