¿Qué representa asumir la presidencia de la Federación Internacional de Periodistas (FIP)?
Este nombramiento es una responsabilidad desafiante e histórica para el periodismo peruano y latinoamericano, al ser la primera vez que una representación de la región y de habla hispana asume la conducción global de la FIP en sus 100 años de historia. La gestión se asume en un contexto mundial sumamente crítico, marcado por elevadas cifras de agresiones y asesinatos contra profesionales de la prensa. Uno de los principales focos de alarma son los crímenes contra periodistas en la Franja de Gaza, así como la violencia y el silenciamiento en zonas de conflicto como Ucrania, países de África, como Somalia, y diversos Estados de América Latina, como México o el propio Perú. El nuevo comité administrativo cuenta con una composición diversa y plural, que integra a representantes de Europa, África, América del Norte, América Latina y Oriente Medio.
¿Cómo surgió la candidatura de la ANP ante la Federación Internacional?
La candidatura es el resultado del posicionamiento histórico de la Asociación Nacional de Periodistas del Perú (ANP), pionera en la articulación sindical de América Latina tras afiliarse a la FIP en los años 80. La propuesta de liderar la organización se venía gestando desde congresos anteriores, como el de Omán, pero fue postergada para priorizar la consolidación del trabajo gremial a nivel interno en el Perú. Finalmente, en el Congreso de París, la candidatura peruana logró consolidarse como una propuesta de consenso y unidad, respaldada por organizaciones de más de 150 países.
¿Cuál es la postura del periodismo gremial frente al nuevo ciclo político en el país?
Advierto un contexto complejo y de baja expectativa para el ejercicio del periodismo. El primer fujimorismo se caracterizó por la violencia contra periodistas, como en el caso de Pedro Yauri y el asesinato de Melissa Alfaro, y por la cooptación de las líneas editoriales de medios masivos, reflejada en los “vladivideos”.
Nosotros hemos hablado abiertamente de un segundo fujimorismo y lo decimos desde una visión totalmente objetiva. O sea, a ver, la señora Keiko Fujimori, durante toda la campaña presidencial, no ha dudado en reivindicar el gobierno de su padre, ese primer fujimorismo que para el periodismo fue letal, y eso hay que decirlo. En oportunidades previas al 28 de julio, cuando nos preguntaban también qué expectativa teníamos del nuevo gobierno, fuimos muy claros en decir que no podemos olvidarnos del primer fujimorismo.
Actualmente salen varios colegas que son conocidos por su buena actuación periodística en el ecosistema de medios a nivel nacional… Cuando lo que se hace es reemplazar el trabajo de periodistas por operadores políticos, eso termina dañando la percepción que la gente tiene sobre los medios y sobre el periodismo.
En el discurso oficial se promete respetar la libertad de prensa; en la práctica, ya se han observado acciones contradictorias, como el intento inicial de impedir el acceso de la prensa de investigación al Congreso. Nuestro gremio mantendrá su vigilancia e independencia frente al poder de turno, tal como lo hizo en gestiones previas.
Usted siempre habla del buen periodismo. ¿A qué se refiere?
El “buen periodismo” es el apego irrenunciable a la búsqueda de la verdad, al rigor investigativo y al servicio a la ciudadanía. La desinformación o la propaganda no pueden considerarse periodismo. Frente a la creciente concentración de medios de comunicación en grandes grupos económicos y a las maquinarias de desinformación articuladas, es crucial el papel del periodismo independiente y regional, que, pese a la precariedad laboral, sigue siendo el principal motor detrás de los grandes destapes de corrupción y de las investigaciones en el país.
En todo ese escenario, que es muy adverso, lo esperanzador es que en este país se hace buen periodismo; o sea, se sigue haciendo periodismo, los periodistas siguen haciendo investigación. Incluso en los grandes medios de alcance nacional tenemos colegas que pelean con los directores periodísticos para defender sus investigaciones. Y el periodismo independiente sigue en eso, sigue poniendo el foco donde lo tiene que poner, a pesar de las condiciones precarias en las que se ejerce nuestra actividad. Siempre decimos: “¿De dónde han venido, en los últimos 10 o 20 años, los principales destapes de este país?”. En su momento, el caso Cócteles, Dinámicos del Centro, el caso de Los Niños de Acción Popular, el caso de los Rolex de Dina Boluarte, El Cofre, Qali Warma… ¡Todo ha venido desde el periodismo! No ha sido el Ministerio Público el que ha puesto eso a la luz. No, no. Ha sido el periodismo el que ha logrado destapar estos casos, que luego han sido seguidos por las instituciones que tienen el deber de perseguir el delito.
¿Cómo abordar, en estos tiempos, los retos que imponen las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial?
Los principios éticos fundamentales del periodismo no cambian con el avance tecnológico. La inteligencia artificial debe utilizarse con transparencia, comunicando de manera explícita a las audiencias cuando un contenido o una imagen han sido generados mediante estas herramientas. Es necesario alertar sobre los riesgos de automatizar en exceso el trabajo informativo: delegar la redacción, el pensamiento crítico y el análisis a herramientas algorítmicas puede atrofiar la capacidad analítica, el criterio y el “olfato” investigativo del profesional de la comunicación.
¿Cuáles son los principales retos internos que afronta la profesión y el gremio?
Uno de los mayores problemas a futuro es el desinterés de las nuevas generaciones por estudiar o ejercer el periodismo, inclinándose mayoritariamente hacia áreas como la comunicación corporativa o el marketing. Esta situación se debe a la alta precarización laboral, al pluriempleo, a la falta de estabilidad económica y a la carencia de un sistema de previsión social o de pensiones dignas para los comunicadores en el Perú, en contraste con otros países de la región. Además, está de por medio la preocupación por los riesgos adicionales que enfrentarán los periodistas en regiones durante las campañas de elecciones locales y regionales.
¿Es necesaria la titulación formal para garantizar el ejercicio profesional y ético?
La discusión sobre la colegiación obligatoria es un debate superado a nivel internacional. La afiliación obligatoria no garantiza mayor ética ni calidad periodística y puede convertirse en una herramienta de control o censura. Aunque la formación universitaria es deseable, exigir un título formal no refleja la realidad del Perú, donde la universidad pública no cubre todo el territorio nacional y existen múltiples zonas alejadas en las que la labor informativa es ejercida por periodistas empíricos con un compromiso ético intachable.
¿Cuál es la invocación final de la FIP y la ANP hacia los periodistas?
Un llamado a la organización colectiva y a la solidaridad gremial. Los desafíos actuales, sean políticos, legales, tecnológicos o de seguridad, no pueden afrontarse de manera individual. Los periodistas tenemos la responsabilidad y el deber de defender la información como un derecho fundamental de la ciudadanía y de mantener firmes la resistencia y la dignidad profesional frente a contextos adversos.

