Por: Félix Rojas Orellana
El crecimiento es real; la transformación, más profunda
Ayacucho alcanza 709 026 habitantes en 2025, frente a 650 940 en 2017: 58 086 personas más y un crecimiento de 8,9% en ocho años. La cifra desmiente la imagen de una región inmóvil. Sin embargo, contar habitantes ya no basta. El cambio decisivo está en la edad de la población y en su distribución: Ayacucho crece, pero no rejuvenece ni reduce automáticamente sus desigualdades territoriales.
Crecer sin rejuvenecer
En 2025, 169 506 habitantes tienen menos de 1cinco años (23,9%), 431 165 tienen entre 15 y 59 (60,8%) y 108 355 tienen 60 años o más (15,3%). Hay 64 personas mayores por cada 100 menores de 15. El dato obliga a mirar simultáneamente escuela, empleo, salud y cuidados. Una región con menos peso infantil y mayor presencia de generaciones adultas y mayores necesita otra forma de planificar servicios, movilidad y protección social.
Veinte años de reordenamiento provincial
La serie provincial muestra una redistribución nítida. Huamanga pasa de reunir 36,1% de la población provincial registrada en 2007 a 45,4% en 2025. En el mismo periodo, La Mar baja de 13,7% a 11,2% y Lucanas de 10,7% a 7,0%. Huanta conserva el segundo lugar y alcanza 15,7 % en 2025. No se trata de un simple aumento del total regional: el peso demográfico se desplaza hacia unos territorios más que hacia otros.

El crecimiento no ocurre solo en Huamanga
Entre 2017 y 2025 aumentan diez de las once provincias; solo Lucanas disminuye. Cangallo, Vilcas Huamán y Huanta registran los avances relativos más intensos, mientras Huamanga suma el mayor volumen absoluto. Concentración y crecimiento no son sinónimos: Huamanga domina la estructura regional, pero el aumento reciente también alcanza provincias fuera de la capital. Esa coexistencia impide hablar de un vaciamiento uniforme de Ayacucho.
Un territorio de escalas extremas
La desigualdad se vuelve brutal en el nivel distrital. Ayacucho distrito registra 102 170 habitantes; San José de Ushua, 263: una relación aproximada de 388 a 1. Nueve distritos tienen menos de 500 habitantes. En Asquipata, la mitad de la población tiene 60 años o más; en Pararca, 39,6%. En estos lugares, sostener una escuela, una posta, transporte regular o redes de cuidado supone costos y decisiones muy distintos de los que enfrenta la capital.

Ruralidad y educación: las brechas permanecen
El 44,3% de la población de Ayacucho vive en el área rural, frente al 19,4% del Perú: una proporción 2,3 veces mayor. El analfabetismo entre personas de 1cinco años o más llega a 12,2%, mientras el promedio nacional es 5,1%. Son brechas estructurales. El crecimiento demográfico no equivale, por sí mismo, a mayor igualdad ni garantiza acceso semejante a educación, salud, conectividad y oportunidades.
Conclusión: crecer exige mirar dónde y quiénes
El Censo 2025 no revela un Ayacucho vacío, sino varios Ayacuchos coexistiendo: uno concentrado en Huamanga, Huanta y La Mar; otro profundamente rural; otro que envejece con rapidez; y otro compuesto por municipios de apenas unos cientos de habitantes. La conclusión es incómoda, pero útil: Ayacucho suma población mientras reduce el peso de la infancia, concentra habitantes y conserva brechas severas. Planificar desde el promedio regional ocultaría justamente lo que el censo permite ver. Crecer no es rejuvenecer; tampoco es igualar.

