Por Carlos Condori Castillo, antropólogo y periodista ayacuchano.
Una buena noticia será anunciada en estos días respecto al Ushnu de la ciudadela arqueológica de Vilcashuamán. Luego de casi tres años desde la formulación del expediente técnico, cumpliendo todos los parámetros exigidos por el Ministerio de Cultura, dada su condición de Patrimonio Cultural de la Nación, se procederá a la licitación para su restauración integral, con un presupuesto aproximado de 14 millones de soles.
Se trataría, en muchos años, de la primera intervención de envergadura que pondrá en valor un símbolo de la imponente presencia del Imperio Incaico en tierras ayacuchanas. Durante la primera gestión del gobernador Oscorima, ya se había implementado un proyecto similar en Wari, esta vez por administración directa, con una duración prevista de tres años y un valor de 10 millones. Sin embargo, al cabo de seis años, apenas se había invertido algo más de cinco millones. El proyecto dejó muertos y heridos, y el responsable de la ejecución terminó en prisión. El saldo de obra, de más de 4 millones, fue transferido al Ministerio de Cultura, que no pudo ejecutar lo restante por falta de liquidación del proyecto. Se supo que la ejecución, a cargo de la DIRCETUR durante dos años, carecía de la documentación necesaria. Hoy en día, el caso sigue sin resolverse.
En contraste, la intervención en el Ushnu representa un ejemplo a seguir en la ejecución de proyectos relacionados con patrimonio cultural. Cabe señalar que también se asignaron inversiones menores, pero importantes, de alrededor de 5 millones de soles a Pikimachay y; Ñawpallaccta, en Carapo, Huancasancos. Sin embargo, ambos lugares nunca contaron con un expediente técnico adecuado a la naturaleza del patrimonio, por lo que no obtuvieron la aprobación del Ministerio de Cultura. Aun así, como se disponía de recursos asignados anualmente de entre 400 y 500 mil soles, DIRCETUR intervino en zonas colindantes y no precisamente dentro del polígono patrimonial. Si intervinieron dentro del área patrimonial, se habría incurrido en un delito penal, en el que estarían implicados, directivos de la DIRCETUR de aquel entonces.
En consecuencia, la intervención próxima en el Ushnu de Vilcashuamán resulta ejemplar, aunque representa apenas una gota —o una “super gota”, si se quiere— dentro del vasto mar de patrimonios reconocidos en la región, que suman aproximadamente 1,200. Y en este caso, solo se está abordando el Ushnu, dejando de lado los templos del Sol y la Luna, cuya restauración requeriría alrededor de 40 millones de soles. Una cifra aparentemente elevada, pero que palidece frente a lo que se invierte en obras de infraestructura como un puente.
Ante este panorama, es evidente que no se trata solo de intervenciones puntuales, que si bien son valiosas, no alcanzan a responder a la magnitud del patrimonio cultural regional. Todos estos bienes están bajo la responsabilidad del Ministerio de Cultura, mientras que los gobiernos regionales, provinciales o distritales no tienen obligación alguna, salvo la famosa «voluntad política» de sus autoridades. Un ejemplo claro es Conchopata, un sitio arqueológico de gran relevancia, actualmente abandonado, a pesar de que hace tres años se constituyó un Comité de Recuperación.
Esto evidencia que nada será asumido de forma integral mientras no se cuente con una verdadera política cultural regional. Existen cuatro ordenanzas promulgadas al respecto, pero al no haber sido publicadas en el diario oficial El Peruano, no tienen fuerza obligatoria y, por ende, nadie se siente en la obligación de implementarlas. Una de ellas contempla la creación del Consejo Regional de Arte y Cultura, cuya primera responsabilidad es formular el Plan Regional de Desarrollo Cultural.
En otras palabras, salvo por algunos “descuidos” fortuitos, la cultura y el turismo no son prioridad ni están en la agenda de las autoridades. Todo queda, generalmente, en el plano de los discursos. Una muestra de ello es que la DIRCETUR, hasta hoy, no es unidad ejecutora y, por tanto, carece de presupuesto propio.
En resumen, la noticia sobre Vilcashuamán es alentadora, pero debería formar parte de un Plan Integral de Cultura y Turismo, y no quedar como un hecho aislado.