Por Carlos Condori Castillo, antropólogo y periodista ayacuchano.
Hoy, 3 de julio, la Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga —alma mater de Ayacucho— cumple 348 años de fundación, desde aquel lejano 1677. Pero esta fecha no solo conmemora su origen colonial, sino también su reapertura hace 66 años, que marcó un nuevo comienzo. Se puede decir que, desde hace casi 350 años, y especialmente desde mediados del siglo XX, San Cristóbal ha sido protagonista fundamental en la vida social, política y cultural de la región. En sus inicios, nació como respuesta a la pobreza de estas tierras; y en su nueva etapa, se convirtió en un hito que transformó el destino de Ayacucho.
Durante las décadas de 1950 y 1960 —probablemente las de mayor pobreza y postergación regional—, miles de jóvenes buscaron un futuro lejos de Ayacucho, ya fuera para estudiar o simplemente para sobrevivir. Fue entonces cuando nacieron himnos del desarraigo, como “Adiós, pueblo de Ayacucho” o el lamento popular: “Ayacuchano huérfano, pajarillo, ¿a qué has venido a tierras extrañas?”
En ese contexto surgió la Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga, como fruto de una larga lucha ciudadana iniciada en los años veinte —según recuerda el Dr. Ranulfo Cavero en su discurso de homenaje al senador Luis Enrique Galván, figura clave pero hoy injustamente olvidada—. Esta demanda se concretó finalmente a fines de los años 50, marcando una verdadera revolución institucional en Ayacucho. Llegaron jóvenes con ansias de profesionalizarse desde regiones como Piura, Trujillo, Áncash, Huancayo, Andahuaylas o Cerro de Pasco.
Junto a ellos, arribaron también profesionales jóvenes con una nueva visión de país, que dieron forma a una experiencia universitaria transformadora. Lamentablemente, esa efervescencia social también incubó el germen de una violencia política que afectó profundamente a la universidad: desde la destrucción de su imprenta y su flota de buses, hasta la pérdida de avances científicos como el germoplasma en Alpachaca, apoyado por la cooperación internacional.
La recuperación de la universidad ha sido lenta y llena de retos. Incluso, una intervención externa que pretendía fortalecerla terminó debilitando su institucionalidad. Solo tras dos gestiones inconclusas, finalmente se ha completado un periodo rectoral, y la universidad se prepara para el relevo de autoridades.
Hoy más que nunca, urge una reflexión profunda. San Cristóbal espera de sus nuevas autoridades visión, responsabilidad y compromiso. El proceso de transferencia debe estar marcado por el diálogo y la colaboración, tanto por parte de quienes culminan su gestión como de quienes asumen el reto. Asimismo, se espera madurez política de las cuatro candidaturas que participaron en el proceso electoral, cada una con respaldos diversos entre docentes y estudiantes.
Estos 348 años deben servir para renovar el compromiso de todos los sancristobalinos —docentes, estudiantes, egresados y sociedad ayacuchana en su conjunto— con una institución que ha sido y debe seguir siendo pilar del desarrollo regional.
¡Feliz aniversario, San Cristóbal de Huamanga! Tu vida es historia.