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LA PAZ Y LAS FESTIVIDADES ANDINAS, SIN IMPORTANCIA

LA PAZ Y LAS FESTIVIDADES ANDINAS, SIN IMPORTANCIA

23/09/2024

El 21 de setiembre es una fecha de gran importancia, por el equinoccio de la primavera, que marca una nueva etapa en el año, habla del reverdecer de los campos, el momento de las flores y la juventud como el momento pleno de la vida. Eso, por un lado, y por otra, el Día Internacional de la Paz, declarada por las Naciones Unidas en el año 1982.

En el primer caso, las estaciones del año, no resulta siendo nuevas, propias del occidente, de las últimas décadas o siglos, sino que tiene una antigüedad mayor, prehispánico, inmemorial seguramente.  A cada uno de los solsticios o equinoccios le correspondía en el mundo andino y, aun se practica en muchos lugares, festividades en el calendario de los pobladores originarios de los andes. Así, se tenía el 21 de marzo, el Pawkar Raymi; el 21 de junio, el Inti Raymi; el 21 de setiembre, el Killa Koya Raymi y; el 21 de diciembre, el Qhapaq Raymi. En todos los casos asociados al ciclo productivo agrícola, que constituía los momentos decisivos en el año para garantizar el buen inicio, la importancia de la fecundidad; la producción, los primeros frutos del campo y, todo lo que esto significaba desde el suelo, el agua, la calidad de la semilla, el ambiente y la relación armónica entre los seres humanos, la naturaleza y las deidades.

Estas prácticas ancestrales andinas de gran significado han iniciado a revitalizarse de manera pública, asociada a la producción orgánica y la reactivación económica, que el propio Consejo Regional en el año 2022, aprobó una ordenanza que oficializaba las fechas en la región. Sin embargo, esta norma aprobada, no se implementa a falta de publicación o, sobre todo interés y desconocimiento de la importancia, en autoridades involucradas en la naturaleza cultural, social, productiva, agraria.

Felizmente, son las autoridades municipales provinciales, distritales, las instituciones educativas, que inician a darle valor a estos acontecimientos, como ha ocurrido el fin de semana en la localidad de Totora Ranra, al borde de la gran laguna de Parinacochas, en las faldas del poderoso Sara Sara, en el camino del Qhapaq Ñan y, cerca al monumento arqueológico de Inka Wasi. Pueblos que se concentran para recordar la fecha, brindar la importancia hacia la niñez y la juventud, asociarla con actividades económicas y, generar en el futuro, lo que puede ser una atracción de turismo en el sur de Ayacucho.

Calendario andino, aprobado en ordenanza, que permanece como letra muerta.

Por otro lado, el DÌA INTERNACIONAL DE LA PAZ, ahora intrascendente en Ayacucho, capital de la paz, escenario de muerte que fue recuperada con sangre y sacrificio, cada vez dejado al olvido, debiendo ser un acontecimiento grande para los ayacuchanos, sobre todo, cuando la violencia, la violación de los derechos humanos, continúan y, lo que es peor, parece mucho caminar hacia la impunidad.

Ahora, ni las autoridades, ni los organismos de los derechos humanos; tampoco, organizaciones como el Frente de Defensa, que levantan los temas, cuando los hechos lamentables ocurren y, se construye una cultura de la paz que cada vez sea parte del sentir, pensar, actuar de todo ciudadano.

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