AYACUCHO, ¡SÍ CANTA Y BAILA!

Por Carlos Condori Castillo, antropólogo, comunicador social, magister en Gerencia Social de la PUCP.
La tradición de los carnavales en Ayacucho, que no sólo es el traído por los españoles, sino que se inserta en las características propias del mundo andino, en un largo proceso de sincretismo.
CAMBIOS SUSTANCIALES EN LOS CARNAVALES
Esos carnavales, han ido cambiando a lo largo de los años, los mismos que fueron destacados en dos sucesivos conversatorios, en la dirección de cultura de Ayacucho, en los denominados Jueves Culturales. En tal oportunidad, aún con vida, José Antonio Sulca Effio, señalaba que, en los carnavales de antaño, “se hacían juegos con agua limpia, en el que los padres de familia invitaban a los jóvenes a jugar con sus hijas y luego tomar una copa de pisco o coñac, para continuar al día siguiente”.
Igualmente, en su momento, Carlos Pérez Saez, señala que los carnavales. “tienen la dinámica de adecuarse a los tiempos, los carnavales de los años 50 o 60 presentaban comparsas que salían de los barrios y de las familias, pero también, en esa época, muchas comparsas ayacuchanas salían disfrazados de charros y vaqueros”.
Gabriel Quispe Montes, considera que “los llamados aristócratas solían organizar fiestas de disfraz de carnaval en el salón consistorial de la Municipalidad provincial de Huamanga o en el salón de recepción del Club 9 de diciembre, donde la música era la guaracha, el tango, la carioca o brasileña. Era un carnaval señorial con chisguete de colonia y talco fino perfumado, no existía a nivel del carnaval urbano-popular”.
Nelson Pereyra, historiador de la UNSCH, señala, el carácter contestatario de los carnavales, desde su propio origen, “se convierte en una suerte de fiesta contestataria, una fiesta excepcional en un tiempo excepcional, donde los actores sociales pueden parodiar, ridiculizar o burlar y donde es factible una transformación temporal del orden social establecido”.
CARNAVALES CON FUERTE COMPONENTE ANDINO
El proceso de migración de los años 80, cambia de color y ambiente la ciudad de Ayacucho. No sólo se trata de expresión pública en comparsas, pandillas como se le denominaba anteriormente, sino de una festividad asociada directamente a la festividad de la producción, de los frutos nuevos, que normalmente se dan en los barrios tradicionales de la ciudad. La fiesta de comadres, compadres está asociada a los “Killis” (frutos y productos comestibles colgados en una soga, que luego se cuelgan en los templos).
Los “killis”, son retirados el miércoles de ceniza y entregados a los miembros de la familia o los vecinos, para que en retribución alcancen sus ofrecimientos para el cargo de la fiesta patronal. Inclusive los corta montes tradicionales, están asociados a la festividad patronal del barrio
CARNAVALES CON DOS ROSTROS DIFERENTES
Mientras el carnaval oficial, que se ha hecho elegante, ha ganado en costosas vestimentas, coreografía definida, inicia, el carnaval rural, que, durante tres o cuatro semanas, ha mostrado su protagonismo, colorido, alegría desbordante, en distintos escenarios con concurrencia masiva de sus propios paisanos, retorna a sus pueblos en medio de competencias, lucheos, Warakanakuy, Seqollonakuy, levantamiento de piedra, carrera de caballos, ferias, entre otros.
“Lo que se tenía, era un carnaval señorial con chisguete de colonia y talco fino perfumado, no existía a nivel del carnaval urbano-popular…”
CARNAVALES UNA MANIFESTACIÓN MASIVA DE EXPRESIÓN CULTURAL
Se calcula que durante las tres o cuatro fechas de las competencias se moviliza, aproximadamente ochenta agrupaciones culturales rurales, con cuatro mil actores e ingreso a los escenarios de más de cincuenta mil personas.
En el ámbito urbano, el número de agrupaciones, comparsas, que podrían clasificarse como en cuatro niveles, institucionalizados, barriales, familiares y otros, significan más de doscientas agrupaciones, movilizando directamente a más de 16 mil personas. La suma se eleva a 50 mil personas directamente involucradas en la festividad.
“Un acordeonista gana 400 soles por día, el que toca quena 120 y cada guitarrista 100 soles. Ahora hay que alquilar micrófonos, equipos de sonido, porque si no, no te escuchan”
AGRUPACIONES CONSAGRADAS
Las que tienen origen en las provincias, destacan Cangallo con Cangallo Corazón y Cangallo Señorial; la Mar, con La Marinos y San Miguel Arcángel y, en los últimos años han hecho su presencia Vilcashuamán y Fajardo. En el caso urbano ayacuchano, comparsas provenientes de barrios y familias tradicionales, como Huamanga Señorial, Huamanga Tunante, 2 de mayo, Nueva Magdalena, que superan fácilmente los doscientos o trescientos participantes.
Pero los consagrados no son sólo urbanos, sino también rurales. Las agrupaciones de Vinchos, los abuelos de Quinua, los Brillantes de Tucubamba, los Caballeros de Tambocucho, los Engreídos de Vilcanchos y, así, una lista interminable.
CARNAVALES, UNA INDUSTRIA CULTURAL
Gilmer García, actual sub gerente de cultura de la Municipalidad de Huamanga, señalaba en el conversatorio aludido, que el “carnaval se ha convertido en la actualidad en un generador de desarrollo económico para la región”.
Existen comparsas, cuya inversión personal de participación supera los 1,500 soles, dada la inversión en nuevo atuendo, otros colores de zapatos, los músicos, la comida y los tragos. “Un acordeonista gana 400 soles por día, el que toca quena 120 y cada guitarrista 100 soles. Ahora hay que alquilar micrófonos, equipos de sonido, porque si no, no te escuchan”, señala otro participante de estas fiestas.
UNA ALEGRIA DESBORDANTE
Los carnavales nunca pararon, ni en los años de la violencia. Nuestros carnavales han sido signo de nuestra resiliencia, de nuestra resistencia frente al terrorismo o las fuerzas armadas. Así como lloramos, también cantamos, bailamos y nos afirmamos como personas, como pueblos. Una alegría que cuesta muchas veces, el trabajo del año. “Aquí nadie nos subvenciona nada, todos venimos desde nuestros pueblos. Yo vengo desde Chungui, con mi plata, con mi esfuerzo. Esto nos llevaremos al morir, lo que hemos gozado, lo que hemos bailado. Que más pues” dice otra que forma parte del grupo, que descansa luego de un día agotador.