AYACUCHO ES UN PUNTO DE QUIEBRE Y NO RETORNO

Entrevista a Carmen Mc Evoy, historiadora, diplomática y articulista en diarios nacionales y revistas especializadas, tiene como tema central en sus investigaciones la historia política del Perú, desde la fundación de la República hasta la Guerra del Pacífi[1]co. Es PhD en Historia por la Universidad de California en San Diego con la tesis The Republican Utopia: Ideals and Realities in the Formation of the Peruvian Political Culture (La utopía republicana: ideales y realidades en la formación de la cultura política peruana, 1871-1919).
Ayacucho Bicentenario, la entrevistó en Lima, y estas son sus palabras, donde destaca la importancia de la batalla de Ayacucho y reflexiona sobre la actual crisis que atraviesa el país.
¿Cuál es la trascendencia del hecho histórico ocurrido en Ayacucho?
En Ayacucho se sella la independencia regional y, por ello, es un hito en la historia de la independencia sudamericana y me permitiría añadir, asimismo, en los procesos de descolonización mundial. Esto se debe al inmenso esfuerzo desplegado por una “ciudadanía en armas”, donde cumplen un papel protagónico: las guerrillas andinas. Y no solamente ello, donde participan, a nivel individual) miles de jóvenes provincianos cuyos nombres no han sido registrados por la historia. Es el caso del celendino Juan Basilio Cortegana, quien incluso nos brinda un testimonio personal y muy emotivo de los preparativos, acá pienso la referencia a las rabonas agenciándose comida, y de la batalla en si, donde muchos de sus amigos murieron inmolados en los Andes peruanos.
¿Podríamos decir, como muchos sugieren, es la verdadera independencia del Perú y Latinoamérica?
Exactamente. Ayacucho es un punto de quiebre y no retorno. Sin embargo, no se le ha dado el crédito suficiente al contingente peruano. Pienso en la guerrilla serrana, activa desde antes del desembarco de la expedición sanmartiniana en Paracas, pero también en el aparato logístico, organizada por el huamachuquino José Faustino Sánchez Carrión. Este notable peruano incluso construye, estando camino a Huamanga, mediante la fundación de la Universidad Nacional de Trujillo (la primera de estirpe republicana) y la Corte de Justicia en La Libertad. Las poderosas figuras de Simón Bolívar y José Antonio de Sucre opacan figuras peruanas tan valiosas en el campo de batalla, como es el caso del Mariscal La Mar (comandante del Batallón Perú) y su ayudante de campo Domingo Nieto.
¿La Batalla de Ayacucho y la Capitulación se realizan en buenos términos? ¿Muchos señalan que favoreció a España?
José Antonio de Sucre, en parte responsable de los términos de la capitulación redactada en Ayacucho, viene de una guerra a muerte en la Gran Colombia, donde pierde a parte de su familia cercana. Esta dolorosa circunstancia puede servir de contexto para entender la magnanimidad, en términos de derechos del vencido, que se evidencian en la ceremonia de la capitulación entre el ejército rebelde y su contra parte imperial. Resulta probable pensar que, con la aceptación unánime de todos los generales patriotas, se propuso mandar un mensaje a España. Las repúblicas nacientes respetaban a sus adversarios derrotados e incluso expresaban un respeto que muchos revolucionarios jamás experimentaron, especialmente en los momentos más brutales de la represión.
Y, en mucho también, ¿los países, que participaron de este proceso? ¿El Perú tuvo que pagar todo?
El Perú pagó hasta el último centavo no solo manteniendo a los militares que vinieron de diferentes lugares, Chile, Río de la Plata o Nueva Granada, sino en las contribuciones de los pueblos en armas. No hay más que ver las listas de contribuciones a lo largo y ancho del Perú. Nuestro país proveyó de puestos públicos a los vecinos que se asentaron en nuestro territorio e incluso pensiones. Lo que no nos libró de una declaratoria de guerra, de parte de la Gran Colombia, para cobrar lo que ellos consideraron saldos bélicos impagos.
¿En estos 200 años se ha cumplido el sueño libertario de los Libertadores de América?
Somos una república constitucional y ello es producto de la independencia, la que también nos legó una estructura institucional y una división de poderes. Que hoy ese sistema republicano esté en crisis no significa que en Ayacucho se consolidó el sistema republicano. Sin embargo, tal como ocurrió en Estados Unidos, nuestra república nació con esclavitud-aunque con libertad de vientres-y con servidumbre indígena. Lo que reforzó el racismo que aún es un desafío pendiente. Lo mismo que el abismo social y el Estado empírico, que tanto preocupaba a Jorge Basadre.
Seguimos teniendo grandes fracturas sociales y territoriales (sur del Perú, por ejemplo). ¿Se puede explicar a partir de los resultados del proceso de la independencia?
Por supuesto. Se podría incluso afirmar, como lo hemos hecho con Gustavo Montoya en nuestro libro Patrias Andinas-Patrias Citadinas, que las negociaciones del general San Martín con la elite limeña, ayudaron a dejar de lado, por no decir abandonados, a los ejércitos de la sierra central que permitieron, entre otras cosas, conseguir la soberanía de los pueblos, entre ellos Tarma. Cabe recordar que este proyecto alternativo, que pasaba por colaborar internamente con la independencia, fue derrotado por una alianza político militar que derivó en el Protectorado.
Se podría decir, ¿que en todo este periodo perdió la sierra del Perú? ¿Los pueblos indígenas?
Efectivamente, la sierra perdió inicialmente presencia en el diseño de una política “nacional”. Porque lo que pierde fuerza es la opción federalista, defendida por los liberales. Sin embargo, para el caso de la Sierra la idea reconstituye, e incluso se reinventa, con la territorialización, fomentada a sangre y fuego por los caudillos. De ella surgirá una nueva demarcación política que ayudará a consolidar la presencia de congresistas provincianos en el Congreso Nacional.
Doscientos años más tarde, ¿Cuáles son nuestras mayores fragilidades?
La falta de institucionalidad, la cultura política de la guerra cuyo objetivo es asaltar el Estado para repartir la prebenda, la corrupción que “estabiliza” precariamente un sistema precario y la ausencia de políticas públicas que se preocupen del bienestar de los sectores más vulnerables de nuestra población. Últimamente pareciera ser que el Estado peruano implosiona, en cámara lenta, en medio de una guerra facciosa, multiforme, que va subiendo cada día en intensidad. Lo que pone en peligro la estabilidad y seguridad interna e incluso la misma existencia de la República.
¿Qué hacer para revertir esta historia? ¿Necesitamos un nuevo Ayacucho, los peruanos y los latinoamericanos?
Necesitamos un proyecto nacional, capaz de imaginar el bienestar integral, salud, educación y trabajo digno, para millones de peruanos. Porque al Perú no le faltan recursos sino acuerdos políticos que apuesten por el bien común, un viejo sueño republicano traicionado un sinnúmero de veces. Espero que, en este bicentenario de Ayacucho, reflexionemos al respecto y aprendamos a elegir buenos representantes, honestos, comprometidos y por sobre todo amantes del Perú.